A LOS 90 AÑOS

Nadine  Fotografía: EFE

La autora de ‘La hija de Burger’, testigo y protagonista de la lucha contra el Apartheid, ganó el Nobel de Literatura en 1991.  A los 90 años  Muere Nadine Gordimer, heroína literaria de la reconciliación en Sudáfrica.

LUIS ALEMANY   – 14/07/2014 –  La escritora sudafricana Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura en 1991, ha fallecido a los 90 años de edad, según ha informado este lunes la emisora ‘South African Radio’.

Aunque parezca una idea un poco fácil, la figura de Gordimer se puede explicar en relación a la de John Maxwell Coetzee, el otro escritor sudafricano de nuestro tiempo que todos tenemos en la cabeza: en relación, pero más bien, por contraste. El paisaje en el que los dos crecieron fue el mismo: la vida de la minoría blanca de habla inglesa en la Sudáfrica del Apartheid: blancos privilegiados pero más liberales y, hasta cierto, punto ajenos a los círculos del poder que controlaban los hablantes de afrikaans. Un mundo violento y amenazado.

Coetzee se fue, se fue hacia fuera (a Londres) y se fue hacia dentro: se ensimismó, se convirtió en el personaje atormentado e insondable de ‘Verano’, por ejemplo. Gordimer, en cambio, se quedó y decidió comportarse como una heroína. Se ligó al Congreso Nacional Africano de Mandela cuando el partido estaba prohibido.

Gordimer entró en contacto con el líder de la emancipación de los negros sudafricanos en 1962, a través de los abogados de Mandela, que eran amigos personales suyos. Por entonces, Gordimer tenía dos novelas, un puñado de libros de relatos y una obra de teatro publicadas. Su vida sólo se había ido decantando hacia la lucha por los derechos humanos muy tímidamente.

Gordimer era la hija de un emigrante judío letón; creció en Johanesburgo, se casó con un dentista, primero, y con un galerista, después, y entró en el pequeño mundo de la vida bohemia de su ciudad. A partir del momento en el que conoció a Mandela, su vida y su carrera encontraron un sentido que hasta entonces no tenían: la confrontación con el poder segregacionista. Gordimer ayudo a escribir discursos al líder del Congreso Nacional Africano; escondió a activistas en su casa; desafió a la censura; se convirtió en un altavoz de las reivindicación de los sudafricanos negros aprovechando su éxito internacional…

Y, por supuesto, convirtió el trauma sudafricano en el gran tema de sus novelas. ‘El conservador’, por ejemplo, era el retrato de un industrial blanco, conservador y solitario, abandonado por su propia familia que no soportaba la violencia con la que quería detener la historia.

‘La hija de Burger’ era el complemento de ‘El conservador’, un proyecto aún más interesante: su propósito era contar la historia de los activistas blancos en su país a partir de dos generaciones de una familia de comunistas de Johanesburgo. El gran momento de ‘La hija de Burger’ llegaba cuando un estudiante negro le decía a su protagonista blanca que todo su ‘heroísmo’ no valía para nada más que, en todo caso, para salvar su conciencia.

¿Estaba Nadine Gordimer hablándose a sí misma? Después de la caída del Apartheid y de su Nobel, su nombre se convirtió en una especie de monumento del optimismo oficial sudafricano. Y, como tal, su personaje se volvió susceptible de ser criticado. En 2006, apareció en el mercado la que tenía que haber sido su biografía oficial que, en algún momento perdió el favor de la biografiada. El autor, Robert Suresh Roberts, era un negro de Trinidad que, entre otras cosas, le reprochaba el confort acrítico con el que Gordimer había vivido en la Sudáfrica corrupta del Congreso.

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